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Acabo de regresar de un viaje misionero por las ciudades de Montreal y Ottawa, en Canadá. El día de las misiones, el tercer domingo de octubre, mientras participaba de la Santa Misa en Ottawa con hermanos de diferentes países de Latinoamérica, sentí que ser misionero no significa precisamente ir a tierras lejanas, pobres y necesitadas. En profunda meditación después de recibir a Jesús Eucaristía el Señor me hizo comprender que a nosotros, los latinos, nos trajo a estos países del norte a ser sus discípulos y misioneros. Es decir, ya estamos en tierra de misión.
En Canadá encontré realidades parecidas a las nuestras de los Estados Unidos; pero también diferentes. En los dos países hay latinoamericanos de todos los países, aunque los Estados Unidos lo sobrepasa en número, y tiene además gran cantidad de ilegales.
En Canadá tanto los latinos como los de otros países han llegado y siguen llegando mayormente en calidad de refugiados políticos y eso les ha dado la oportunidad de arreglar sus documentos y de conseguir trabajos.
Pensé en los hermanos nuestros que llevan años en nuestro país de los Estados Unidos, y que aún viniendo de los mismos países con situaciones políticas iguales, no han podido arreglar todavía sus papeles.
En el nivel religioso y espiritual también hay similitudes y diferencias. Tanto en Canadá como en Estados Unidos la Iglesia Católica ha abierto sus puertas a los inmigrantes, con sacerdotes que hablan y celebran las liturgias en la lengua del pueblo. Tristemente, los dos países, tienen escasez de sacerdotes, aunque es más fuerte en Canadá; y los que hay ya son mayores. Canadá está supliendo esta escasez con sacerdotes jóvenes de Latinoamérica que van por dos o tres años a estudiar y mientras tanto ayudan en la Pastoral.
Muy Bendecidos
En los Estados Unidos, en Nueva York específicamente, somos muy bendecidos con Iglesias en nuestros mismos vecindarios que celebran la Santa Misa en nuestra lengua. En Canadá la gente viaja en carro, bus o metro para congregarse en una Iglesia específica, o Misión, como le llaman allá, para celebrar la Liturgia en español. Lo mismo es cierto para los grupos de oración. Ah, ni las tormentas de nieve ni el frío congelador del invierno, los detiene.
Por otra parte, debido a la escasez de sacerdotes y la poca asistencia a la Iglesia de los propiamente canadienses, en ciertos vecindarios, las Iglesias se están consolidando. Le llaman “Unión Pastoral”. Los hermanos de Canadá ven esto como algo muy natural, y ya les ha tocado moverse de un lugar a otro. Eso sí, al nuevo lugar que han ido, se han integrado conservando su nombre original. Un domingo asistí a la Misa a una Iglesia de Montreal que tiene en su puerta principal tres nombres correspondientes a tres parroquias diferentes. También visité la que en un tiempo era la Iglesia de San Juan de la Cruz, y hoy es un edificio de 90 apartamentos. Fue vendida y reconstruida por dentro. Por afuera, conserva las dos torres, la cruz, el nombre y la estatua original. ¡Impresionante!
Uno encuentra iglesias bellísimas en Canadá por todas partes. Las calles todas tienen nombres de santos. El secularismo, es decir, la influencia material y filosófica del mundo, ha robado la fe y ha enfriado los corazones de muchos. Les decía a mis hermanos latinos que no es una casualidad que ellos hayan llegado allá. El Señor los llamó y los llevó al frío del norte a calentar ese país con su fe, sus devociones populares, y sobre todo con el fuego del Espíritu Santo.
El desafío es grande tanto para nuestros hermanos de Canadá, como para nosotros, los de Estados Unidos. El Señor nos llamó a ser sus discípulos y misioneros en estas tierras. El llamado de “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mateo 28, 19b), es para todos, y en este caso, es muy personal para nosotros. Pidámosle al Señor Jesús que nos unja con Su Espíritu Santo para que lleguemos a ser sus verdaderos discípulos de tal manera que podamos cumplir con la gran misión de llevar a otros hacia Él.
Escriba a: Cruzteresa1@aol.com
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