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¡Quédate con nosotros! es la súplica de los discípulos de Emaús al descubrir que Jesús caminaba con ellos (Lucas 24,29). Esta misma súplica la hizo Benedicto XVI en Aparecida, Brasil, en mayo de 2007, en el discurso inaugural de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.
El Documento de Aparecida, donde aparece la oración, ofrece guías para ser mejor discípulo y mejor misionero de Jesús. Nuestro Santo Padre nos dice que para formarse como discípulo y sostenerse como misionero necesitamos el Pan de la Palabra y el Pan de la Eucaristía. Los discípulos de Emaús nos inspiran y nos iluminan porque ellos descubren a Jesús tanto en la Palabra como en la Fracción del Pan. El descubrimiento los hace exclamar: ¡Quédate con nosotros!
Benedicto XVI convirtió esta súplica en toda una oración de cuatro párrafos. Cada uno comienza con el grito de: “Quédate”.
Quédate con nosotros Señor, acompáñanos aunque no siempre hayamos sabido reconocerte. Quédate con nosotros, porque en torno a nosotros se van haciendo más densas las sombras, y Tú eres la Luz; en nuestros corazones se insinúa la desesperanza, y Tú los haces arder con la certeza de la Pascua. Estamos cansados del camino, pero Tú nos confortas en la fracción del pan para anunciar a nuestros hermanos que en verdad Tú has resucitado y que nos has dado la misión de ser testigos de tu resurrección.
Quédate con nosotros, Señor, cuando en torno a nuestra fe católica surgen las nieblas de la duda, del cansancio o de la dificultad: Tú, que eres la Verdad misma como revelador del Padre, ilumina nuestras mentes con tu Palabra; ayúdanos a sentir la belleza de creer en Ti.
Quédate en nuestras familias, ilumínalas en sus dudas, sostenlas en sus dificultades, consuélalas en sus sufrimientos y en la fatiga de cada día, cuando en torno a ellas se acumulan sombras que amenazan su unidad y su naturaleza. Tú que eres la Vida, quédate en nuestros hogares, para que sigan siendo nidos donde nazca la vida humana abundante y generosamente, donde se acoja, se ame, se respete la vida desde su concepción hasta su término natural.
Quédate, Señor, con aquellos que en nuestras sociedades son más vulnerables; quédate con los pobres y humildes, con los indígenas y afroamericanos, que no siempre han encontrado espacios y apoyo para expresar la riqueza de su cultura y la sabiduría de su identidad. Quédate, Señor con nuestros niños y jóvenes, que son la esperanza y la riqueza de nuestro continente, protégelos de tantas insidias que atentan contra su inocencia y contra sus legítimas esperanzas. ¡Oh buen Pastor, quédate con nuestros ancianos y con nuestros enfermos! ¡Fortalece a todos en su fe para que sean tus discípulos y misioneros!
Nuestro querido Papa Juan Pablo II también se inspiró en la misma súplica de los discípulos de Emaús y escribió una Carta Apostólica titulada “Quédate con nosotros.” En ella él nos dice que “el cristiano que participa en la Eucaristía aprende de ella a ser promotor de comunión, de paz y de solidaridad en todas las circunstancias de la vida.”
Oremos juntos; ¡Señor, quédate con nosotros, úngenos con tu Espíritu Santo para que te reconozcamos en la Palabra y en la Eucaristía, y podamos ser verdaderos discípulos y misioneros tuyos!
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